La carita de pan

A  Gaviota, musa roja de mi inspiración

Ayer fui a comprar la carita de pan. Buceé en la Babel de la ciudad.
En ningún almacén la vendían. Esponja palpitante su recuerdo que se encandila desde el fondo de las pupilas de este nuevo niño.
Yo no quiero comprar juguetes,
yo guardé mi propina
para comprar la carita de mamá.
Es pan. Espejo. No la venden. ¿Dónde está?

”Mamita está de largo viaje”, me dicen aprehendiendo el pesado párpado.
Yo no quiero jugar a la pelota ni a la guerra.
¿No venden la carita de mamá?, les pregunto.
Callan desde las tinieblas. Yo busco entre el cesto de basura un pedazo de pan

semilla de su  falsa eternidad.

Ninguna era bella como ella, y yo delirante,
ninguna de lucha como mi madre, y yo ángel vulnerable.
Ninguna huele a cebolla como ella,

           y yo torre con ascuas que se diluye al paso de las olas…
                                                         ni es pan, consejos, ni abrazos, como ella,
ninguna cuenta cuentos como ella.
Yo quiero comprar la carita de mamá. ¡No gárgolas!

Mamá me llevaba al teatro y yo era geometría del suspenso, un anagrama que día a día se compone.
Cogidos de la misma ola íbamos a ver El Rey León
                          El Mago de Oz.

                          y las incansables galaxias del acuario.
Mamita era alegre como una niña,
era chiquita como Pulgarcito.
Era gordita como la Pequeña Lulú.

Mamá era la alegría de la casa
buena como Santa Claus.
Me hacía barquitos y cometas,
me leía revistas y contaba chistes. Me hizo capitán de un barco fantasma y yo me hice (cayéndome tantas veces)  el pirata de la pierna de palo.
Yo quiero llorar su magia dormida bajo la tierra. Voy al centro de la ciudad con una caña

                                               que se arquea 
de repente ya venden la carita de mamá.

Al no hallarla me compro un largo carrete con plomos, carnada, anzuelo. Y corro hacia el muelle

          de su infinito recuerdo arrastrando mi hueca hueca y tantas veces hueca canasta.

 

 

El tren

Vamos a meternos al tren,
¡vamos!
Vamos a jugar a las escondidas en el tren,
           ¡vamos!
Deja que nuestros ojos viajen
por la verdad inmaculada antes del último naufragio.

Sí, vamos al tren.
Si tenemos suerte nos cruzaremos con el brillante reflejo que producen el cruce de dos trenes y nos confundiremos como peces plateados orlados por su oscura suerte
con las gentes buscando en la bruma nuestro faro, sí,
vamos corre que nos deja

                                         antes que se rompan los espejos…
                                          y sea tarde.

 

Quiero ser Presidente

Soy un niño que sueña con ser Presidente.
¡Sí, Presidente! Por qué no.
Mi mamá me dice qué ocurrencia la mía.
Yo todavía no sé mentir ni robar.
Yo le digo que soñé con Dios.
El me dijo que iba a ser Presidente.
Mi madre no está feliz.

Yo le miento:
cuando yo sea Presidente
aumentaré el sueldo
a los policías y maestros.
Yo sueño con ser Presidente,
con dar a los niños muchos caramelos de amor
para la boca golosa del alma.
Mi madre emocionada me dice:
"Ahora, Samuco, aprende a no mentir ni robar".

 

 

 

Sueños de niño

Cómo expresar mi tristeza
por volver a ser siempre siempre niño.

Cómo expresar mi desencanto
si hablo como un niño, me comporto y lloro    como un niño
                      y todavía soy niño.

Mi mirada parece invadida de un terror cósmico.
Como si se hubiese percatado de algo   espantoso,
inconcretamente terrible,
y eso me hiciese llorar, una vez más,  como un niño. Yo soy el que cada tarde de verano construye con sus manos, un balde y una pala, un castillo de arena. Yo soy ese aquel que no mide las  horas y se va a sentarse cerca de tu naturaleza, Diana, hasta que las lenguas del mar boten sus primeras espumas, mi primera en la playa, en mi castillo que otros pies han arruinado.

Niño no es sólo el niño.
¡Niño también soy yo, sin mi castillo de arena!
Todavía sueño despierto en un mundo mejor,
                             mientras el valle y mi casa
tan cerca  de los arrecifes y del espigón

           están cubiertos de una oscura  niebla  láctea.

 

El soldado de plomo

Yo soy el soldado de plomo que quisiste,
                                                      madre,
hoy cuido todos tus tesoros.
Yo soy el niño de siempre, madre,
artesano de mi futuro sin tierra prometida
que es el último refugio de tu paz, y la mía.

Hoy sin Ulyses estoy soñando mi Itaca
con la dama relámpago que cuidó de mí,
que me acercó a este mundo de Nemo.
¡Eras tú, madre!
                         ¡Eras tú!
Tenías las manos cárdenas,  avejentadas
y yo, un tamboril en forma de jarra
cuyo fondo milenario estaba cubierto de algas y líquenes, pequeño templo de tus sempiternas lágrimas.
Madre, escucha madre, mi Mar, mi Cielo:
Yo soy el soldado de plomo, sí el marinero, el navegante que despediste
                      cuando se fue a la guerra,
y hoy, cansado de tanta escaramuza, de juegos de guerra de George Bush,  de tanto navegar por los siete mares, vengo a saludarte

                        a besar  la huella de hiel

en tu tumba ceniza cara a cara con el juicio final
                          y no menos decirte                          siempre consternado, hastiado de tragar tanta sal en la dulce espera de tu resurrección, infatuado ya de rezos y de las falsas proclamas:
                  ¡Alma mía, sumérjase por fin en paz!

 

Voces del mundo

I
India: experiencia vital.
Me deslumbra aquellas miradas serenas y            tristes
Color chocolate, como las del koala,
se parecen a la magnificencia del Rajasthan,
a la soledad del desierto
que recorremos a camello.

Estas miradas parecen sagradas
bendecidas por las aguas del Ganges,
todo se traduce en una transformación interior.
Pienso montar un elefante,
atravesar las junglas del Parque Nacional Rawthambore
en búsqueda de avizorar tigres
Para luego suicidarme y volver a nacer en la primera orilla
con la mirada no menos  triste como esta noche sin faro.

II
Fiji: lunar del mundo
Paraíso escondido en la inmensidad
                          del Océano Pacífico.
Los viejos rituales me embelesan.
Mujeres morenas de pieles bronceadas
hombres robustos con vistosos atuendos
cuidan de mí, de ti y…
de las trescientas especies de orquídeas.

III
Papua Nueva Guinea: África en Oceanía
Las mujeres Enga de ébano hacen un safari con      mi cuerpo
Ellas me hablan del Pimbinakae y de su sociedad Malanggan.
Waneme panda nyetamopa
Lao wane mandeya lao enda nyngi.

Yo me alejo de ellas, y de esos rostros de narices atravesadas, haciendo un ademán de                     entenderles
admirando las flechas, los arcos, las plumas,
los collares y objetos de guerra
que me recuerdan su historia caníbal.

Esos pezones amamantan criaturas náufragas,
sus rostros pintados con colores de la guerra,
sus máscaras tribales: todo
me devuelven a la guerra subido en la copa de niebla que es cuando viajo en el lalong a la isla Yabob
y el celaje se ha encendido de tornasol
y yo muero, con ellas, en las palmeras que abrazan mi sombra como lo hizo el mar en el génesis de mi última de las siete existencias.

Ese mar coralino…
museo de aviones Zero
reliquia de osamentas cuidadas
por peces multicolores
es turquesa, azul, aprieta la selva
y yo me duermo pensando que Salamaua
bosque serpenteante de palmeras cocoteras
en la península de Morote
                                     …es mi hermoso país que no existe sino más allá del mar y de mis sueños