Canto a Pablo Neruda


¡Pablo Neruda, Hombre!
De Valparaíso a los Andes
en el centro del mundo
tu voz nos habla de amores
en el vital segundo.

Lumen, Pablo Neruda
amigo luminoso
¡Ve!...Trasciende fronteras
al dejarme gozoso
con ciudades perdidas.

Desde Arica a Puerto Mont
Noches que silban vientos
desde valles australes.
Son como el rumor a tropel
de cuecas bailadoras
entre jotes y huasitas.

 

 

 

 

 

Embrujo de amor


¡Que se abran las blancas
flores!
Sí, por nuestro amor que se abran
al viento de tus lomos erizados
para tocar con ellas tu tibia carne.

¡Que se mezclen nuestros aromas!
Cocinan aromas de mar nuestras pasiones
al tiempo que me elevo sobre tu piel
que gime creyéndome un descubridor.

Y solo soy la cresta de una primera y ultima ola.

Tú eres quien me provoca en la noche vegetal
cínica y descansada, contemplas tu victoria
cuando vuelvo a amarte en el navío

                                     de la muerte
fundiéndonos en cenizas y escarchas de miel.

 

 

 

 

 

 

El lago de los cisnes


Mujer mancillada, ausente,
te canta la voz del poeta.
Hoy no podré descubrir más la parte
grave y quebradiza de la forma.

Nosotros éramos los bellos cisnes del lago cansados de navegar por dar con el eterno mar,
¡qué duda cabe!
Nuestros emplumados pechos no eran níveos, tampoco voluminosos,

Eran sí  transparentes y alargados

como nuestros cuellos

como nuestras piernas de breves sombras efébicas
               mas eran voluminosas nuestras alas,
                    y nuestra piel láctea
               llena de constelaciones celestes.

Nuestra hermosura tan sólo violada por la luz
no tenía nada que envidiar a las nubes.
Por eso te resucito, Samuel, volviéndote espíritu
tizón, letra viva.

Hoy, por fin volveremos a arder juntos,
mientras el viento recorre las terrazas
y penetra en los pasillos,
llenando el palacio de almas en pena
que querrán presenciar, Eudaly, nuestros últimos y desenfadados sofocos.

Tus ojos -AMOR- penetraran en los míos
atravesarán túneles oscuros.
Los dos, Berenice de los ochenta, habitaremos un espacio oculto
volviéndonos levadura
masa del mismo pan… fermentados en el AMOR.

 

 

 

 

Diálogo con Dios


Todos los días converso con Dios...
Tengo mi Dios personal, que
me da mis gustos y mis sustos.
El sabe qué hacer conmigo,
no le contradigo, le sigo la cuerda.
A veces me amotino y me muerdo la piel. Rezo.
El prueba mi paciencia y mi fe.
A veces pierdo el límite y me vuelvo pecador,
Dios es mi amigo, mi conciencia.
A veces pierdo la brújula, la red,  el compás, y llega tarde -o nunca-    lo que le pido.
Dios sabe hacerse perdonar. Lo amo más.
Es muy travieso e irreverente…
Devuelve tarde con creces lo que pido.
Voy dejando de dormir este eterno sueño sin El.
La madrugada es mía, ¡totalmente mía!
Me como una uña, pedacito de vida y tierra.
La tierra es mi vitamina.
Tierra de jardín de un rinconcito bien limpio.
No le muestro los dientes ni las nalgas a la vida,
                                          sino mi mejor sonrisa.
De vez en cuando me cae una lágrima,
luego todas las lágrimas del planeta...
Maravillosa vida la del poeta.
Si naciera de nuevo volvería a ser poeta, y
ya no me equivocaría tanto. Ni me casaría sin     amor.

 “Estando  mar adentro se está seguro”, es el dicho acaso sabio o ilusorio de los marineros.
Cuando llega el amor… ¡llega!
Se siente cuando llega el amor. Hay rubor de    verano,
alegría de primavera, caricia de otoño,
cafecito capuchino de invierno.
¡Estoy enamorado! Inmaculado, impúdicamente    enamorado.
Mi alma sobrevuela todos los rincones que   quiere.
Como estar, por ejemplo, en tus brazos, acostarme a tu lado.
Contigo no escribiría de amor. Contigo amaría.
Mi alma escribiría, mi cuerpo haría el amor...
                                          ¡Ay!, ¿dónde estás?

Cuando voy al mar abro mis brazos como Cristo crucificado
Dios también abre los brazos, me da un abrazo   de universo.
Yo, un grano de arena en su inmensidad.
Yo, me pierdo en los brazos de Dios,
casa grande, patio cósmico
donde todos acuden y se nutren.
Crece mi amor como la hiedra:
sin besos ni abrazos ni nada.
Me visitan todos los amantes del planeta
                           los que están en el cielo.