Nunca

Nunca, Malena, digas: ¡Te amo!
Si en verdad no te importo.
Mi espejo es un puerto vacío que no puede dolerse en tu hermosura. Mar.

Nunca hables de tus sentimientos, ninfa de cristal

 luz de primavera

 estrella del Sur

                        de todos los condenados

 en que mi palabra se vuelve monda y yo, Samuel, me nombro entre ellos
                       si en verdad para ti no existen.

Es la hora del crepúsculo. Islote perfumado de algas.

Nunca tomes mis manos
si vas a romper mi corazón. Gaviota nocturna.

Nunca me veas a los ojos que también huelo a hondo mar

                son sal

                           sal que lame las gargantas      secándose al sol
                           si todo lo que haces es mentir. Alcatraz.

Nuestros besos son la lumbre que se derrama poco antes del amanecer. Delfín de miel.

Nunca digas: ¡Te quiero, mi vida!
Si mañana lloraré porque conmigo ya no te      acostarás
               y  con  otro  (Malerra, yerra, pera, talón mío)   te  irás. Sí, qué más ocultarlo debo si no soy el primero

                      ni el último

                     muchos nos hallamos subidos en la rueda infernal de la bella Medea. En su carro de fuego enfila al mar  rozándonos con sus cabellos de algas. Y esa arena sin mar, y sin ella, nos traga.

 

 

 

 

Era un paraíso

Hace ya más de quinientos años
América era el soñado paraíso,
Continente de utopías
Y de las maravillas.
Grandes manadas de animales cubrían
sabanas, selvas y praderas.
¿Quién las mató?
Fue el hombre.

Hace cien años
África también era el soñado paraíso, pero recuerda:
Los rebaños de antílopes, elefantes,
jirafas, gacelas y avestruces
correteaban libremente
en sus inmensas llanuras.
¿Quién los mató?
Fue el hombre.

Fue él quien trajo a estos continentes
el vicio de la muerte por la muerte,
de la caza por la diversión
de la explotación de los bosques,
de la avaricia por el oro, por la plata y los    diamantes.
Llegará un día en que todo se acabe y
ni las chicharras canten,
ni los pájaros vuelen,
ni las brisas agiten
y nada recordará a nada.

Si Cristóbal Colón y el Capitán Cook volvieran a    navegar
Ya no encontrarían el mismo mar y las aves.
Si Hemingway hiciera lo propio en el África
Ya no encontraría animales hoy exterminados,
pisaría llanuras yertas que
en otrora fueron verdes colinas.
Volvería a disparar no uno sino mil tiros.
¿Será el antipaisaje? ¿La amarga desolación?
Si es así entonces no podré soñar más
Con mi ciudad extraviada,
Con la sombra que me maldice y me reclama
en el paraíso perdido
por ser hombre.

Los tiempos han cambiado,
se han convertido en tiniebla darwiniana,
Cristóbal Colón y sus carabelas
Son sólo epopeya y recuerdo.

El paraíso está todavía en Tasmania
¡Ven! Abre tus manos y mira…
¡Esta es Tasmania!
Bella, majestuosa e incomparable,
es un lugar como el mundo debiera ser
…un reducto del paraíso.

 

 

 

 

 

Polvo de Talibanes


¡Oiga! Mi curiosidad es tanta
que mil vidas daría por describir
las perversas pasiones
de prisioneros talibánes.

¡Oiga! Sí, de ellos le hablo,
de esa raza ignota. Tengo pena
de esos soldados de arena,
azote que envenena.

¿Tendría que viajar a Guantánamo?
¿Al Alcatraz del Caribe?
¿Para qué?
Ellos han muerto para mí
y yo hacen tiempo para ellos
por eso buscan matarnos… nuevamente.

 

 

 

Patria del ajo

Patria mía, ajo mío, cara mía.
Patria mía, pedazo de tierra
que los poetas han trajinado de versos
donde se puede sonreír y soñar.
Eres nuestra casa y nuestro campo.
Eres nuestra mejor poesía.

¿Qué es la patria?
Nunca nos cansamos de repetirlo:
”Patria es el lar de nuestros muertos,
la cuna de nuestros hijos,
el país que nos recordará”.

Patria es nuestro mar,
nuestro cielo, el aire que respiramos,
la lluvia, el viento tempestuoso,
el rocío de las mañanas;
el bosque, el río, las aldeas
y el camino…

Patria es el pundonor y la gloria,
nuestra familia, nuestros héroes,
nuestra fe y nuestra esperanza.
Patria lo eres tú, ¡carajo!