Atlante en los brazos de Cáncer


A José Agustín Goytisolo

Soy el sueño inalcanzable
un Perseo sentimental
sosteniendo la cabeza de Medusa
mudando sentimientos agradecido
muriendo por el mundo, desvanecido.

Soy el hijo de Zeus y Dánae
Acrisio, el del Ande, fue mi abuelo.
Vuelvo al polvo y soy de fino polvo
de pesado y brilloso metal
que ilumina tu triste mirada.

Soy el navegante de los mares
buscándote en las florestas, dentro del cofre
para no mirar el color de tus pies.
Tu mirada es mi castigadora Gorgona.
Es noche cerrada. Tus ojos, ojos vacíos.

Soy el de las manos clavadas a la alforja
tu mirada me provoca eterno sueño
del que sueña un sueño puro
sin guadaña ni diamantes
ni sandalias aladas.

Soy y soy. Espejo líquido. Bestia. Pegaso sin Atenea ni Hermes.
Soy el que te busca, Medusa, con su encantado                       yelmo divino
donde reflejas tu cabeza serpentina.

Soy yo, sí, tu segundo centauro
al caer de la tarde me detengo
en el reino del Titán Atlas
para pedir asilo en sus axilas.
Y tú, madre venerada, ya no estás.

Benito habla


Ando trasnochado e insomne
como de costumbre,
deshilvanando los cabos
que de mi memoria se soltaron,
queriendo ser Benito, el que ya no soy
dándome cuenta que casi no hay nada
de este Benito.

Hoy quiero saber, Padre,
si a los nostálgicos apesadumbrados,
                                             como yo,
nos cabe algo más que nostalgia,
algo menos que esperanza.

Y tú no me contestas, Padre.
¿Será que has muerto?
¿O será que he muerto para ti?
Te he preguntado por estos paisajes
                        rojos como mi sangre.
Te he preguntado por qué ya no soy carne.
Me duele el alma, me duele este infeliz día
en que debo ser yo mismo nuevamente
                                        y ya no lo soy.
Sólo entonces pienso
en el vuelo de la g a v  i  o  t  a.
Tiene lo más preciado:
belleza
           y
              libertad.

Un Moai

Isla de Pascua…
Pascua de mi resurrección,
isla donde se esculpe la piedra
y mis nostalgias, heme aquí,
desasido, constelado, leve.

Isla de Pascua
tú eres los ojos que miran al cielo
ombligo del mar: Rapa-Nui
háblame de tus nostalgias
yo soy un moai de hielo
guardián de tus  secretos
                 preso del  mar
esculpido en las canteras.

Isla de Pascua
pregúntale a nuestros maestros,
pregúntale a Miru A' Hotu
y a Tani Teako A'Hotu
como tallaron mi rostro.

Isla de Pascua
tú sabes que en noche líquida
soy un animal imperfecto,
aún así las enciclopedias dicen:
Soy un animal heráldico,
mitad cuerpo de caballo
y cuerno en medio de la frente.


A Regina y Miriam, mi carne trémula

¿Quién ha muerto y me llama
a través de los muros?
Vaya, eres tú; adelante, toma asiento.
No soy la bestia que buscas,
pues la soledad me hiela la sangre
y hace siglos que no encuentro la razón.
¿Dónde estabas? ¿Dónde, fatalidad,
que mi vida arremete tus designios
y rencor? Y por eso:
río y canto,
grito y lloro,
siento que…
¡todos lo días de mi vida muero!
¡Todos los días de mi vida vivo!
Sintiendo amargura más te amaré,
sintiendo pesar, serás mí dolor,
sintiendo dolor, serás mí pesar,
como la sal amarga de la tierra.
Pequeña sombra infame, taciturna,
rodeada de caricias y arañas silvestres,
aquí está la tumba desde donde saldrá
a recorrer el universo esta noche
la olvidada voz que a sí misma se nombra.
¡Todo ser que vive la muerte, ríe, bebe,
festeja, canta y aplaude…
                                         y vive en mí!

Tengo un capricho


Sobre tu húmeda loma eriza
se debate la pasión que atiza
imágenes turbadoras de ser
el ser que te deba merecer.

Te hablo y tú cedes al pábulo
al espasmo, al aliento, a la nada.
Tu perfume emana del hada
Tu capricho es un prostíbulo.

Tus pechos maná de verano.
Almohada. Mi rostro dormía.
Piernas efébicas en mi mano
Tus fronteras eran todas mías.

Perdona si hoy corro desnudo
huyo de ti. ¡Esta, tu gran fiesta!
Otro ángel ya duerme la siesta.
Entonces es la hora del mudo.