“El tango se baila así”

Homenaje a Carlos Gardel y a Argentina

 

 

 Foto: http://alasalamarenor.blogspot.com/2007/01/tango.html

 

Por: Samuel Cavero

 

    ¡Oh, el tango!... El tango panalero, música de mis amores y por qué no decirlo de mi propia infancia. Cuando yo era una abeja púber mi padre, todo un abejorrro (por lo mujeriego que siempre ha sido) me llevó hasta una academia de música para aprender a cantar y tocar nada menos que como Carlitos Gardel. Yo por aquellos años tan sólo frisaba los siete años y tenía -como podrá adivinarse- la voz chillona y aflautada muy natural en los niños, nada excepcional al fin de cuentas para ser cantante, pero mi padre en su terquedad y obsesión quería que fuese como Carlitos Gardel. ¡Qué osadía la de mi padre! Incitarme a engominarme y a volverme lírico. Pues, nosotros en realidad  no estábamos para tener cada dos días un profesor particular de clases de canto, menos si vivíamos como vivíamos: con el retrete en el exterior (el patio) donde se debía hacer nuestra deposición haciendo muy buena puntería. Además –decía íntimamente yo- para qué andarse con ensayos y canturreo- si en nuestra casa (que en realidad era un conventillo con una destartalada victrola y viejos discos) había sólo un grifo de agua muy helada y nada de calefacción. Vivíamos en la pieza número trece, la de la mala suerte.

    Mis profesores después de muchas sesiones en que intentaron inculcarme una melodiosa voz y las curiosas notas del pentagrama, algunas a punta de palmetas, descubrieron que no había nacido con talento musical. Además, claro está, aprender canto, guitarra y acordeón a esa edad me resultaba aburrido, era para tener buen oído y excelente predisposición. Y yo -emulando a la gente que veía- dediqué más bien mis clases a experimentar por primera vez el placer del cigarrillo… hasta que  recibí una buena paliza y me lanzaron a la calle.

    Ya era muy tarde. El tango hacía furor en todo Latinoamérica, principalmente era el gusto de los mayores.

    ¿Qué es el tango? ¿Dónde nació? Vale la pena preguntarse cuando todavía se discute sus orígenes. “El tango es un pensamiento triste que se baila”, según Horacio Salas y Enrique Santos Discépolo, uno de sus grandes creadores. Leopoldo Marechal sostiene que el tango “es una posibilidad infinita”; el gran Jorge Luis Borges  por su parte lo entrevera con “la gesta del cuchillo y del coraje”; Ernesto Sábato, otro talentoso escritor, quien suspira “Es una cosa seria, pibe”, piensa más bien que “es el fenómeno más original del Plata”. Victoria Ocampo comentando sobre esta época nos dice: “No podemos abrir la canilla de la radio o de la televisión sin que salga un chorro de ese bailable”.

    Hablar del tango –tango severo y triste, en la voz poética de Ricardo Guiraldes- es evocar a Carlos Gardel, el inmortal, cuyo lugar de nacimiento se disputan Toulouse en Francia y Tacuarembó en Uruguay. Nos recuerda su primer estreno en el teatro Esmeralda en enero de 1917. Eran los versos de Pascual Contursi que acababa de adosarle a un viejo tema de Samuel Castriota, Lita, al que rebautizó Mi noche triste.

     Aquella hermosa época tuvo su peor tragedia con la inesperada muerte del gran cantor de Mi buenos Aires querido y El día que me quieras, Adiós pampa mía, las mismas canciones que mi padre me enseñó a cantar de memoria. Fue una belle epoque signada por los nombres de  Anibal Troilo, Osvaldo Pugliese, Miguel Caló, Horacio Salgán y por los mayores poemas de Homero Manzi (Barrio de tango, Sur, Che bandoneón, Malena, Fuimos)

   ¿Qué dice Julio Cortázar de Carlos Gardel? Cortázar comenta que “cuando Gardel canta un tango, su estilo expresa el del pueblo que lo amó”. Y tiene mucha razón. El cantor de la eterna sonrisa, como la Gioconda. Representa al argentino cordial de los años veinte del siglo pasado. Apolítico y oficialista a la vez. Gardel es su espejo, su símbolo, todo un mito. Pero representa además como fue en esencia el pueblo argentino en sus estratos más populares. Un divertido anónimo lunfardo de 1890 titulado La otra noche en los Corrales me permite recrear aquella época:”La otra noche en los Corrales, /hallé a una china muy mona; /y ahí no más, como por broma, me la empecé a lamentar. /Entré a llorarle la carta y ahí nomás le formé un cuento/ porque habiendo visto el vento /pensé poderla shacar. //Pero me había equivocado: /era una mina cabrera, más reversa que una mina fiera /que le queman el pajal; / y como yo me pasara/ más de lo que es necesario /se largó con un rosario /muy difícil de rezar.

   Desde entonces el querido pueblo argentino no ha cambiado. No quiero irme de esta página con un saludo y un chiste en homenaje al pujante pueblo argentino, con respeto. Que disfruten el chiste:

   Un día San Pedro estaba haciendo su trabajo rutinario en las Puertas del Cielo cuando notó que una de ellas se había roto, por lo que necesitaba una rápida reparación. Salió y se dirigió a la fila de personas que esperaba su turno para entrar: ¿Hay algún herrero aquí?-, preguntó. Tres hombres levantaron la mano: Un chino, un italiano…y un argentino. San Pedro les pidió que revisaran la puerta e hicieran un presupuesto. El chinito se acercó a la puerta, la revisó y dijo: “Creo que con 900 dólares quedará bien. 300 para los materiales, 300 para la mano de obra y 300 para mí. El siguiente fue un italiano: “Estas son las puertas más hermosas que jamás haya visto Casi podría decirse que fueron hechas en Italia, de hecho en Florencia, durante el Renacimiento. ¡Una verdadera obra maestra! ¿El costo?-, le interrogó San Pedro.”¡Ah! Será 3000 dólares: mil para los materiales, mil para la fina mano de obra italiana y mil para mí”. Gracias-asintió San Pedro-ahora el argentino. El argentino dio un rápido vistazo a la puerta y  muy guapo sentenció: “¡Bárbaro! Ese trabajo es para este pibe, che, ¡son 2900! Mil para voz, mil para mí, despedimos al italiano y contratamos al chino”.

 

¡Qué tangos aquellos!

 

Fue en esos perigundines donde aprendí

a bailar el tango, el tango antiguo, acaso el verdadero.

¡Oh, el tango!... música de mis amores 

“pensamiento triste que se baila y se baila”,

hablaban Horacio Salas y Enrique Santos Discépolo.

Leopoldo Marechal decía: “Es posibilidad infinita”;

Jorge Luis Borges: “La gesta del cuchillo y del coraje”;

Ernesto Sábato “¡El tango es cosa seria, pibe!”,

“El fenómeno más original del Plata”, suspiraba

y cuánta razón tenían todos.

 

 

¡Oh, el tango!... música de mis amores.

Victoria Ocampo se nos confesaba enamorada:

“No podemos abrir la canilla de la radio y de la televisión

sin que salga un chorro de ese bailable”.

 

 

¿Qué es el tango, oh Dios?

Para mí el tango es algo que te arruga el corazón,

te lleva despacito, es cadencia, es pasión.

“Así se baila el tango

Mezclando el aliento

Cerrando los ojos

Para escuchar mejor

Primero una corrida

Después una sentada

Así se baila el tango

Un tango

Un tango de mi flor…”

 

¡El tango hay que bailarlo con las piernas

                     y con el corazón!

                      -Sí, señor- 

 

Hablar del tango –tango severo y triste,

Tango de guapos, de cabriolas y galanteo

en la voz poética de Ricardo Guiraldes-

era evocar a Carlos Gardel, el gran inmortal.

Nos recuerda su primer estreno

en el teatro Esmeralda en enero de 1917.

Eran los versos de Pascual Contursi

que acababa de adosarle a un viejo tema

de Samuel Castriota, Lita, al que rebautizó Mi noche triste.

Fue una belle epoque signada por los nombres

de Anibal Troilo y Osvaldo Pugliese,

de Miguel Caló, Horacio Salgán y

por los mayores poemas de Homero Manzi

(Barrio de tango, Sur, Che bandoneón, Malena, Fuimos)

 

Cortázar, recordá, me decía a las sombras del café:

“Cuando Gardel tango canta,

su estilo expresa el del pueblo que lo amó”.

¡Y tenía igual mucha razón!

 

Gardel fue el cantor de la eterna sonrisa

Entre tango que al viento la pareja frisa

argentino cordial, altivo y pelo en brisa

 

Gardel espejo, símbolo, mito, camino

esencia del gran pueblo argentino.

 

 

¡Qué tangos aquellos!

                       Ay una melena/

                       melenita de oro/

                       que es una fortuna/

                       la de mi tesoro…

Tangos. Tanguillos. Tanguitos.

 

Samuel Cavero©