El escritor y la creación literaria

 

   “Las palabras recuperaban con ella su prestigio de cajas, vacías en último término de todo lo que no es misterio. A las palabras cerradas, herméticas, si se abren se les escapan los significados a broncos que asaltan y dejan atónito”.

Jean Genet: Santa María de las Flores,  Editorial Debate, 1994, Madrid, Pág. 96

 

 

Introducccion

    El escritor Samuel Cavero propone dos lecturas, una a través de la entrevista que lo simplifica todo. Y otra más intuitiva, omnisciente, donde el escritor analiza juicios, verdades, aseveraciones y contradicciones de otros autores. Lo que en buena cuenta enriquece la visión del acto de escribir y la creación literaria. 

                                            

                                                Entrevista

     La escritora uruguaya residente en Australia Edilia Vidal hace algunas preguntas en base a su lectura e interpretación del artículo preparado por Samuel Cavero El escritor se confiesa:

  1.- Escribes como “catarsis”. Acto de terapia llamo yo. ¿Cómo? Sugiere que absorbes algo que va hacia adentro. “Te cargas”.

La catarsis siempre es todo lo contrario, no es absorción, es expulsión de fuerzas positivas y negativas que tenemos todos los seres humanos. Y los escritores no nos libramos de ello, se hace catarsis llorando, riendo, maldiciendo, agrediendo, polemizando, cantando, también escribiendo, por qué no. Efectivamente escribir  un acto de terapia creadora, deliberada, que busca expulsar no sólo los conocimientos, las experiencias y el vasto imaginario que tiene uno, sino   también es todo aquello cobrando identidad propia que tantas veces ha sido  llamado por muchos escritores  “las musas creadoras” o “los demonios”. Los míos no son “demonios” son “ángeles” de la noche dotados de magia y amor perverso. (Risas) Pues son expulsados gracias a mi actividad digitadota hacia el ordenador creando un mundo, un macrocosmos literario donde cada personaje tiene su vida propia y debo buscar armonizarlos  haciendo que siempre estén interactuando entre ellos. Te cuento que a veces me sorprendo de la personalidad que les doy, ejerciendo en esto una actitud racional consciente, planificada hasta cierto punto.

 

2.- Los demonios aparecen cuando uno explora con sus personajes las diversas galerías de inconsciente. ¿De qué forma se logra esto?

Pues  escribiendo, ya lo digo. Son “demonios” no en el sentido real sino metafórico. Encierra a todos esos pecados, angustias, pesares, impulsos sexuales, deseos reprimidos, comportamientos al filo de la ley, enfrentamiento a Dios y a la muerte, por ejemplo. Están allí en todos los seres humanos. El escritor es aquel pequeño genio que se vuelve un poco explorador de aquellas intrincadas galerías del comportamiento haciendo de sus personajes seres modélicos, casi santos, o atroces pecadores, perversos hombres capaces de asesinar con una hoja de afeitarse por ejemplo. Algo que uno piensa que si lo haría en la vida real por supuesto sería un criminal. De allí que no todo lo que escribimos sea, como algunos piensan, nuestras historias de vida. No, pues, la literatura no es esencialmente la autobiografía.

 

3.- ¿Es cuando los personajes se “apoderan” de uno y actúan “por su cuenta” y nos llevan por caminos que no conocíamos y que no sabíamos que existían?

Así es, te daré un ejemplo de mi experiencia personal. De las novelas que he escrito “Amaru o la Tentación” es una novela mítica con un sedimento de historia preinca, pero no es historia en si. Pues yo soy un creyente de que la literatura no expresa la realidad con absoluta fidelidad. Quienes piensan que la literatura está al servicio de la historia se equivocan, es la historia la que más bien está al servicio de la literatura.

    No te imaginas que cuando comencé a escribirla quise hacer una novela basada en una leyenda mítica contada por Víctor Cabrera, la de una princesa inca, si es que cabe la expresión princesa, una ñusta más bien que es seducida por un guerrero, en este caso el personaje es el que da título a la novela. Resulta que el magnetismo que ejercía para mí aquella ñusta era tan grande, Yuraj Shulla y yo hice deliberadamente que en vez de seguir los cánones tradicionales de mujer seducida, humillada, ultrajada, sea más bien el guerrero la víctima de la seducción y de las obsesiones de una mujer. Al final de la novela y muchos años después de escribirla pienso que aquella perspectiva que yo le di tiene que ver, posiblemente, mucho con mi temperamento, con mi sexualidad, con mi manera de asumirme, de ser y amar, y con los movimientos de liberación de la mujer del que yo soy muy respetuoso, participo y no soy ajeno.

 

4.- Tú dices: “La mía es una literatura que cuestiona la vida”. ¿Cómo así? Hablas de que “enfrenta los dramas”, con un lenguaje a veces “patético”, otras veces con un “lenguaje realista”.

Sí,  efectivamente, pero también es un acto de fe. ¿Cómo no podemos cuestionar a la vida misma que no siempre es hermosa y feliz para todos, sino que por otro lado tiene su lado oscuro de dolor, de miseria, de vicios? Yo la siento como una obligación ineludible para el que estoy hecho. Mi literatura es una acto de afirmación y acercamiento a la vida por las ventanas, el tragaluz y por la puerta trasera, la chimenea y casi nunca por la puerta delantera. Es decir, hablando en metáfora es una literatura que busca ángulos, perspectivas, voces plurales, realidades múltiples.  Si así lo fuese –entrar por la puerta delantera siempre- sería una literatura facilista, quizá para ser leída únicamente por los niños. Para mí la verdad es un desgarramiento, es algo que está allí pero que el escritor te lo entrega a veces en clave y otras en forma abierta. En ese sentido a veces empleo un lenguaje patético, según sea.

 

5.-  Tú eres un hombre que escapa de sus personajes. Lo señalaste. ¿Cómo se utiliza esto? ¿Surge? ¿O acaso huye?

    Pues fíjate, cuando uno escribe simula con tal realismo hacer cosas que no las haría quizás en la vida real. Y si las haría no sería capaz de contarlas, por dignidad y temor propio. Pero vamos, uno las cuenta, porque dentro de su dialéctica de  lo verdadero-falso, lo bueno-mallo, puede “teatralizar, y darle vida a sus personajes haciendo que estos sean drogadictos, delincuentes, homosexuales, prostitutas, sádicos, por ejemplo. Un poco que los escritores contamos lo que hay en este mundo plural, decadente, posmodernista, no nos eximimos de ello. Yo no sirvo para hablar de duendes y de niñitos buenos a la manera de los pedagogos, de flores para hacer de ella poesía, de animales nobles que conversan dentro de un paraíso que no es este, ¡no! Mi literatura es busca ahora después de algunos experimentos que hecho con novelas mías como Un Rincón para los Muertos, por ejemplo, Gabriel no te Mueras,   Crónicas del Paraíso, propone ser realista,  ejemplarizadora, recrear su propio mundo desmitificador sin compromiso político, social, o autobiográfico con el escritor.

 

Es así que la literatura como elaboración artística es de alguna manera una farsa, una mentira preconcebida, un gran embuste. En pocas palabras el escritor es un juglar que fabrica embelecos, un mentiroso que miente con la verdad.

 

   Muchos escritores lo han referido y han dado cuenta de ello. Como escritor es el único que sabe cuánto de mentira y de disfraz de la realidad hay en su transposición artística. Y es que el arte procede de connotaciones que se van acumulando y construyen verdades a medias, pero estas verdades lo son en la medida en que el concepto las acepte como verosímiles. El arte, la literatura en este caso, lo que yo hago, no se trata nunca de una verdad al cien por ciento, sino de una verosimilitud de la realidad que quiero mostrar. Sobre esto Jean Genet nos dice en  su novela Santa María de las Flores: “No claméis por la verosimilitud. Lo que vienea continuación es falso y nadie está obligado a aceptarlo como un artículo de fe. La verdad no es mi especialidad. Pero “hay que mentir para ser auténtico”. E incluso ir más allá. ¿De qué verdad quiero hablar? Si es muy cierto que soy un prisionero que representa (que se representa) escenas de la vida interior, no exigiréis nada más que una representación” Jean Genet: Santa María de las Flores,  Editorial Debate, 1994, Madrid.

 

6.- ¿Cuánto de ti hay en tus personajes?

     No se puede medir, a veces casi nada. Muchas veces el lector cree ver al escritor a lo largo de toda la novela. No sabe el lector que el escritor simuló cuadros de realidad para educar,  entretener,  asombrar o hacer blasfemar al lector. Por eso digo siempre que la literatura es un teatro de la vida llevado al papel.

 

7.- Debe ser aspiración del escritor “alejarse” o “despegarse” de uno mismo y tratar que los personajes sean “creaciones diferentes a uno mismo y no familiares”. ¿Cómo se puede lograr esto?

Con la práctica, el acto de escribir es como un deporte, mientras más lo practicas mejores son los resultados.

 

8.- ¿Si hicieras psicoanálisis o una terapia profunda, piensas que podrías continuar  escribiendo de la misma forma o afectaría lo que escribes?

Tu pregunta no se si va para el psicoanalista o para el paciente. A mi me encantaría ser un psicoanalista, te juro que la literatura me obligaría a romper el secreto confesional. Y si es por el paciente, mis respetos también. Alguna vez acudí para ver lo que se siente ante un psicólogo o un psiquiatra y después de aquellas intrascendentes charlas siempre me dio la intuición de que ellos eran unas víctimas mías, pues yo (con la mirada y mi retórica inventiva) los estaba analizando y haciéndolos reír. Por eso es que discrepo con cierto psicoanálisis y no suelo asistir.

 

9.-El poder crear una “realidad”, aunque sea ficticia, y controlar las situaciones o cambiarlas  nos da “poder”. “El poder” que a veces no tenemos en la vida real o que es muy limitado. ¿Cómo lo explicas?

Es un poder omnímodo, uno cuando escribe es un pequeño dios, y lo imagino con minúscula pues se trata de un dios limitado, dios de los personajes que les da vida, lo enfrenta a situaciones difíciles o los lleva a la muerte, por ejemplo. Es realmente la más espléndida libertad, algo maravilloso, incontrolable.

   Y la creación no tiene límites, ni siquiera limitaciones físicas cuando la persona se lo propone, sino Jorge Luis Borges no sería tan genial como lo fue, además de su inmensa cultura vital, enciclopédica y su vasto conocimiento de otras lenguas. En            En El Elogio de las Sombras, Borges intenta explicar también las ventajas de la ceguera. En el año 1955 Borges pierde la vista y él lo explica: “Mis amigos se quedaron sin cara, los libros se quedaron sin letras, no hay nadie en el espejo”. Y Borges Siguió publicando libros muy valiosos y manteniendo además una lucidez espectacular.

 

Por eso sostengo que la creación literaria no tienen limites para el escritor. Borges nos contaba que sus sueños estaban poblados de colores brillantes, él que habitualmente sólo veía un mundo gris verdoso. Su memoria se reforzó a raíz de su ceguera que era física, al nivel de los ojos, más no espiritual. Para Borges aquello fue un gran reto. Si bien él ya no tenía la posibilidad de volver a consultar los libros, trató de no olvidar lo que leyó, recordó lo escrito por él  y por otros con enorme sabiduría

La creación literaria la imagino como crear su propia ciudad virtual, una ciudad visible a través del proceso de la escritura pero perdidada en la memoria y a la que el escritor la visitará con la imaginación, tal como la recuerda, tal como la concibe. Allí lo real no es el objeto de la representación sino el espacio donde un mundo fantástico tiene lugar. Se ven las calles y lkas casas, y esas calles y casas son quizá las que él hubiera querido vivir en su infancia o en su juventud, lejos del mundo hipócrita.

 

Fuera del tiempo sus ciudad posee la condición de arte. Está ahí. No envejece para siempre, ha sido hecho como un objeto artístico que sólo representa su valor literario y, sin embargo, es la revelación y la huella de un mundo que se ha ido. Su ciudad literaria, es decir su creación literaria, parece un mundo perfectible aunque no perfecto, un modelo idealizado a escala de las palabras de un mundo que evidentemente no es el nuestro aunque lo parezca.

   Lo imagino como una obra de teatro, aunque no es exactamente eso, es mucho más que eso, el teatro sólo es una parte de la literatura. Cuando paseo frente a la obra en estreno, siento que todo ha quedado sugerido en un espacio repleto de flujos de energía, gestos, sensaciones y  agrupamientos fugaces. Risas, fantasmas, sobreros voladores, pelucas, paños de colores y materiales diversos: fuentes de exploración a la especie de la vida. En la literatura todo está amalgamado.

 

Escribir novelas, dice Mario Vargas Llosa, es un acto de rebelión contra la realidad, contra Dios, contra la creación de Dios que es la realidad”. Se trata de un escritor  detectivesco, que ejerce el género con la minuciosidad y rigor que exige la creación. El crítico literario español “Alberto Oliart bien señalaba que: La grandeza de la obra artística, de cualquier género, sea pictórica, musical o literaria, es que crea las claves para la comprensión de la época en que el artista vivió. Pero, además, cuando se vive en pueblos que se están creando, esos artistas se convierten, al dar esas claves, en portavoces de una gran sociedad y de su pueblo” (Mario Vargas Llosa, Semana del autor, Pág. 61)

Vargas Llosa en su tesis de la novela  “total”, habla sobre esto que además no es nada nuevo. Si hay “novela total” debe o puede haber “democracia total”, “socialismo total”, “dictadura total”, por ejemplo. ¿Cuándo se llega a ser total? Pero vamos este es otro asunto que también me interesa. Mario Vargas Llosa en su Historia de un deicidio sobre García Márquez, el novelista no sólo reproduce lo real, sino que lo suplanta; él no s dice que el novelista al fin y al cabo, asesina a Dios.

 

10.- ¿Se puede comparar al acto de “soñar” con la literatura? En los sueños viajamos por mundos diversos donde las limitaciones de tiempo y espacio no existen, tampoco las trabas sociales. ¿Y en la literatura?

También se viaja por mundos diversos, por sueños, por fantasías. En ese sentido los escritores somos creadores de sueños, iluminadores de sueños., tenemos esa capacidad de materializarlo a través de la escritura.

 

11.- Anote al lado del término “soledad” la palabra “reciclar el universo ficticio”. ¿Qué significa para ti reciclar?

Significa aprovechar, retomar, nada de lo que está en la novela está de relleno, sirve para algo. A veces pienso y esto no es una broma que los escritores somos grandes recicladores de palabras vía el ordenador. Quien recicla mejor y hacer hermosos “rellenos sanitarios” con tanta realidad que desea mostrar es en verdad un artitas. Pues allí están las palabras recicladas, son tantas, pero puestas de manera armoniosa brindando historias de vida,  significaciones, sonoridades, reflexiones, estructuras sintácticas bajo cada lecho de tierra que contiene aquello que podríamos llamarle el “relleno sanitario” que filtra todas las miserias del hombre. Y  entonces no dejo de preguntarme: ¿qué peor soledad puede haber para alguien que siempre recicla, sino la soledad misma que siempre nos carcome?