El erotismo y humor en los

cuentos de Humberto Hincapié

Por: Samuel Cavero

    Hay un fino hilo conductor que enhebra de manera artística los cuentos de alta calidad artística que contienen el libro Palabras y Algo más (Bemac Publications, Sydney, 2005) del escritor colombiano Humberto Hincapié residente en Australia.  Ese “Algo más” propongo que es justamente eso, el erotismo y humor hecho arte literario.

    El humor no supone necesariamente la risa socarrona, risa fácil, propone eso sí, sutilmente, el cruce dialéctico entre lo trágico y lo cómico. De ahí que tenga sustento esa sentencia popular que “el humor es cosa seria”. Recordemos a Pirandello cuando nos habla del humor. Asimismo, valgan  las precisiones, se puede escribir de cualquier tema, hasta del erótico, si es que se hace un tratamiento artístico de cuidado en el uso de las palabras, las expresiones y las intenciones. Y no siempre se nombra los referentes sexuales explícitamente. Humberto Hincapié lo logra con gran realismo y una desnudez artística que asombra por ser su primer libro de cuentos. Intuyo que son cuentos trabajados año a año. Y sus dibujos creativos sugieren, son dibujos de hombre maduro donde por los trazos se ve que no le tiembla el pulso… ¡como a mí! 

     En todo caso se trata de una entrega a sus lectores  de un narrador sobrio, muy  maduro en cosas del amor, que ha sabido pulir la palabra, cuidar el efectismo de las expresiones y crear intensas historias de gran realismo, intriga, ternura, amor y seducción. En sus relatos la naturaleza no necesita comprender cuando estalla en la belleza de un capullo o en el momento del cortejo amoroso. Y trasunta ambigüedad erótica, por ejemplo el final del cuento Naufragio (Pág. 29)

 

    Si bien la escritura lo vuelve extraordinario aquello que estamos viviendo, esto no siempre se logra con un gran realismo. Y sobretodo contar con la aceptación, venia y agrado del lector. A veces por usar expresiones tan coloquiales se cae en lo chabacano y lo grosero. Humberto Hincapié nunca cae en ello. Y por eso hay una gran madurez literaria en él.

 

I

 

   

Deja que sus personajes hablen a través del “narrador omnisciente” y sin reservas. Humberto Hincapié lo logra plenamente: con el intenso uso los diálogos, algo no común en la cuentística actual experimental. Y el narrador que lo use debe hacerlo con diálogos rápidos, precisos, hilarantes, que sorprendan al propio lector y den pistas de la personalidad e intenciones de los personajes. Muchos escritores han seguido este camino y han terminado haciendo relatos dignos de folletín, cuentos sin alma, relatos sin gracia ni aliento lírico, sin trama, o que teniéndolas se pierden en la mera anécdota, las reflexiones sociales y el remedo de lo cotidiano. En cambio Humberto Hincapié, haciendo justicia a multitud de eximios narradores, entre ellos Rafael Pombo, Álvaro Mutis,  Jorge Zalamea, Manuel Mejía Vallejo, Álvaro Cepeda Samudio, Policarpo Varón, Francisco Gómez Escobar y otros que nos ha dado la gran Colombia, retoma los colombianismos y hasta las palabras subidas de tono y las lisuras  para darle como orfebre de la palabra un tono imperativo actual sabroso, criollo, nada mojigato, y que sorprende a su edad y por ser un libro muy sobrio: donde felizmente nada de las expresiones dichas allí  sobran, sino que más bien se magnifican y enriquecen el mensaje y todo está puesto –incluso las creaciones de desnudos artísticos que ilustran sus cuentos- no para causar sofocos, calenturas, que también las sabe producir, por supuesto. Hay una cercanía del erotismo y humor como temática al escritor mexicano Guillermo Sampero, a ciertas obras de Mario Vargas Llosa, a Reinaldo Arenas y otros tantos escritores de prestigio.

     Lo que es más importante en Palabras y algo más son revelaciones desnudas de sentimientos y de almas pecaminosas, en permanente ambición y conflicto. Por ejemplo Naufragio (Pág. 29)  aquél cuento que trasunta cierta ambigüedad homoerótica. También usa el “monólogo interior” como técnica literaria aunque brilla más en el diálogo y sus cuentos no tienen ese aliento fantástico borgiano o Kakfiano en que se han quedado estancados tantos narradores cuentistas de Latinoamérica. Llama la atención el primer cuento que además da el título al libro que rompe la continuidad con los demás cuentos, incluso el del final, este primer  cuento de naturaleza filosófico-fantástica inspirada en la Torre de Babel y la Babel de las palabras y de los idiomas. Me hace recordar mis clases de Filosofía del Lenguaje y lingüística estructural.

 

II

 

Pero que se inserta bien a los demás por el uso de adjetivos propios de la narrativa erótica. Ejemplo: “Su manía de desnudarse y ponerse encima una sábana color naranja madura” (Pág.1) La portada del libro y los sobres y tarjetas de invitación para esta ceremonia fueron también del color naranja. Color pasión. El color que además evoca a la película La Naranja Mecánica y la pasión ardiente de los holandeses. Y todo esto sugiero que no está por gusto: proyecta un mensaje sensual. Metáfora del color. El del pueblo colombiano, la sensualidad de su tropical geografía, de su música alegre y querendona, el de sus bailes calientes y el  de su gente que dice las cosas sin mediatintas. Pero por otro lado ese color naranja nos habla  de la esencia de estos cuentos que huelen a café del colombiano a punto de tostarse, a trópico y cafetales que derrama sus perfumes y mieles a sol rajado, a sábana y mujer caléndula, y… quién sabe a los impulsos publicistas  elocuentes de su talentosa editora Beatriz Copello.

    En cuanto al estilo, la trama y el manejo del corpus narrativo Humberto Hincapié retoma lo mejor de la narrativa de Gabriel García Márquez, sobretodo en eso de que para contar un buen cuento se debe escoger cualquier historia pero se debe buscar organizar bien los textos, causar el efecto sorpresa o doble efecto sorpresa al final del relato. Y eso es lo que se percibe en este libro. Y retoma además el uso crudo del lenguaje tan bien usados en otros sobresalientes narradores colombianos. Por ejemplo en el cuento El amante epistolar,  cuando Andrea, la mujer bien casada,  relamiéndose de deseo, quejándose, dice de su devotísimo enamorado: “Se le fue la mano esta vez. Quién se creerá que soy yo. ¿Una puta, una ninfómana? –¡al carajo con toda esta basura! Se lo voy a decir a mi esposo para que averigüe quién es el descarado que me pide semejante cosa” (Pág.48) Y los personajes de Hincapié son llamativos como lo aconseja García Márquez y Mario Vargas Llosa, son eso, personajes con nombres sonoros, piadosos, jocosos y hasta demasiadamente hilarantes y que también provocan cierta sensualidad, alimenta a esa sensualidad intertextual de un erotismo mayor. Ejemplo: la tía Eunice (Pág.13);  Sabanilla, el municipio costero (Pág.40); La adorada Andrea (Pág.44); la campesina Yolita (Pág.53); Domitila (Pág.54); el bailadero de Agapito (Pág. 62); la prostituta Afrodita Mariposita en el Tíbiri-Tábara(Págs.81 al 88); Lola, la planchadora y sirvienta y el Puebloelata (Pág.93); el doctor Gurunday “que fue tan delicado que hasta virgen se la devolvió”(Pág.121); o el personaje del cuento Los amantes del río llamado Marisoledad de la Milagrosa (Pág.136). Todos estos nombres parecen haber sido buscados con infinita paciencia o sacados de la fauna social pero que son atípicos en otros países. Y en cuanto a las expresiones también ellas tienen esa dosis de erotismo y humor.

       Hablemos de la muy servicial Lola y su “caminadito felino” (Págs. 89 al 98):

        -¿Me está siguiendo muchachito o qué?

        -¡No, no qué va! Iba caminando para donde un amigo.

        -Hasta mentirosito el niño… ¿no?

        Lola me agarró bruscamente del cuello de la camisa, prácticamente me levantó del piso y me dio un beso en la boca y corrió hacia Puebloelata, un pequeño barrio de callejuelas retorcidas. Cuando reaccioné del beso y su perfume de animal de monte y corrí detrás de ella, había desparecido como por obra de magia.

 

     
     

Cuento artísticamente irreverente e iconoclasta. Menos púdico a la hora de desnudar las desgarraduras íntimas de la carne. ¡Humberto Hincapié nos da además una percepción más enriquecida y serena sobre la vida y la muerte y la vida  animal en su último cuento titulado Memorias perrunas! Pero nunca alejándose de un erotismo que palpita a flor de piel en sus cuentos y que gustará del lector hasta encandilarlo y hacerle reflexionar que así es la mera vida en la calle, en la ciudad y más aún en Colombia…España y toda Latinoamérica. Recuerdo por ejemplo que hace algunos años, cuando me dirigía a la universidad, me reencontré una mañana  en el bus repleto de pasajeros con un muchacho colombiano a quien lo tenía como un amigo distante y respetuosísimo. Al percatarse que yo me encontraba  sentado al fondo y que le hice una venia de saludo, él, en su efusión y alegría, me gritó con emoción de muchacho que sabe estimar: “¡Hola mi querido testículo!”. Por supuesto que me sonrojé  y enojé mucho e íntimamente, en silencio, di las gracias a los pasajeros del bus aplaudiendo porque no hablasen ni entendiesen  jamás el español de este colombiano tan elocuente. Después estuve pensando en esta frase y la naturalidad con que fue dicha, sobretodo la naturalidad, como cuando las damas  colombianas tan finas ellas se dicen unas a otras: “Hablábamos puras pendejadas”. “¡No, ella no era una putica!”.

 

IV

 

   

    Se puede escribir sobre nuestras obsesiones o las de los demás.  Y escribir no siempre tiene que ser un acto confesional sobre uno mismo, tal es el caso de Humberto Hincapié. Cuando se escribe lo que intenta el escritor es internalizar  un mundo ficticio con voz propia y dejar que se imponga sus propias leyes. Escribir es para mí un monólogo con nuestra propia conciencia que la hacemos despertar o rebelarse. Es un monólogo que al mismo tiempo intenta establecer el estatuto del narrador modelando, perfeccionando, embelleciendo, acrecentando su presencia omnisciente. Y creo que lo es también para Humberto Hincapié.

   En síntesis el cuento consiste en un oficio de poner en escena a los presentes ya transfigurados por el acto creador, a los ausentes, los muertos, los seres sobrenaturales o los inanimados bajo un acto deliberadamente premeditado. Consiste también en hacerlos  hablar, actuar y responder; en tomarlos testigos, garantes, acusadores, vengadores o jueces a sus personajes. Y a sus lectores nos invita a develar las más recónditas obsesiones y pasiones del ser humano. ¡Humberto Hincapié lo logra con maestría...y antojos!