Al pie de Andinía de Urbano Muñoz

 

Por: Samuel Cavero©

 

    Al pie de Andinía de Urbano Muñoz nos presenta una magnífica selección de poemas donde está muy presente la relación temática con la naturaleza y el tiempo. Los poemas de este libro surgen con color y luz propia como aquellas obras de la artista Érika Nakasone donde está presente el juego de las formas, la resonancia verbal, las aliteraciones con repeticiones de palabras para darle al poema mayor resonancia poética. El artista ayacuchano nos propone integrar verbalmente la iconografía andina en un amplio espectro de nuestras vidas que incluye no sólo la serranía sino la costa y la selva reflejada en su mitología en el nombramiento de dioses tutelares, aves y serpientes. Su poesía es un retablo abierto para el alma. La poesía de Urbano Muñoz tiene un sabor tan particular que la hace a la vez tan clara y misteriosa como el agua y le confiere el poder de embriagar y dejarnos en proceso de ensoñación como el buen vino.

 

     Como Federico García Lorca el poeta no pide benevolencia sino atención con su arte poética. Y parece recordarnos a Jean Cocteau quien decía que el poeta es, por definición, póstumo. Comienza a vivir después de su muerte y, cuando está  vivo,  camina con un pie en la tumba. Eso le produce una especie  cojera que le da a su aspecto cierto encanto.

 

     El gran poeta no es aquel que juega habilidosamente con las pequeñas metáforas verbales, sino aquél a quien su genio prometeico despierto lo lleva a originar las grandes metáforas sociales, humanas, históricas, siderales. En su arte, el de Urbano Muñoz, está la marca del poeta andino que tiene un recuerdo gravitante de su terruño

 

 

          madre tierra

          En la memoria tenaz e implacable

          Lucero del alba

          Inalcanzable y fatuo

 

 

también de sus lugares y paisajes más pintorescos, de sus puentes y ríos, así de algunos personajes y escritores conocidos que no necesita citarlos con su nombre completo pero que por pertenecer ya al ideario cultural ayacuchano podemos entrever de quienes se trata cuando tan solo aparece el nombre.

 

    Al pie de Andinía  de Urbano Muñoz también nos recuerda aquel dicho de Guillerme Apolinaire en que el mundo sólo se renueva por la poesía. Gran utopía. Y es que la poesía es como el almendro sus flores y frutos son perfumados. La poesía de Urbano Muñoz nos convoca a lugares tan entrañables para los huamanguinos como son el río de la Alameda, Huatatas, La vieja Tartaria, el viejo puente de cal y canto, las calles de Qarmenqa, Campanayoq, en fin. Donde el poeta nos dice, convocándonos con gran sensibilidad:

 

              Me detengo a aspirar

              La miel de los eucaliptos

              La voz del Apu en el viento

              Y el cosquillar de cabuyas e ichuales

 

 

      Y es que los poetas no sólo fotgrafiamos lo que percibimos con la palabra sino que además pretendemos ser los salvadores, los redentores a través del ejercicio vital de la palabra por la palabra, esculpiendo la palabra viva, la palabra que deja huella honda y  duradera. La savia vital que nos deja sentir el olor a campo,  la tierra que germina, los ríos tan vitales en la concepción de ciclo vital de Andinía y del hombre mismo, así del Perú que se alimenta por sus lluvias y sus ríos es tan interesante en esta muestra poética no exenta de excelsos momentos de ternura, de lirismo mayor y de nostalgia por el tiempo que se va. Y será por eso que como en el almendro, como en la raíz de un árbol su sabor no siempre es dulce sino como el recuerdo, como el dolor, nos deja una sensación de soledad y amargura.

 

 

        Despojado de vuelos y ternuras

        No estuve con Vicente y María Luz

        Los más puros entre los puros

        Mis hermanos muertos por la sierpe oscura

 

 

   Dicen por ahí que el hechizo o encantamiento con el que escribe el poeta es tal que es frágil y delicado como todo lo sobrenatural. Si sobreviene un taladro en la calle, o la estridencia de un altoparlante, la conexión con el misterio se rompe y la poesía desaparece.

Si el poeta sale a buscarlo posiblemente regrese con la construcción de otro poema pero no con el mismo poema, porque el poema que huyó de sus sentidos jamás será encontrado porque cuentan los augures que huyó a los anillos de Saturno. Algo de esto nos pasa cuando leemos en Urbano Muñoz  Al pie de Andinía.  Debemos tener en cuenta el simbolismo de los 7 colores de la luz, del arco iris, de la bandera del Tawantinsuyu, epifanía, asombro de luz. Está presente en sus versos diáfanos la gran metáfora que se hace miel en quien por ser hombre no es abeja y por ser abeja no es hombre, es el vivo recuerdo por Ayacucho, por Arequipa también lugar donde vivió el poeta, un entrañable dolor que se hace poesía al evocar por  sus vivos y sus muertos, por sus poetas y artistas verdaderos harawis, por la mujer de Lot tan presente en las revelaciones bíblicas y en mitología antigua, también por la sal y el agua divina de sus cerros, por aquella savia vital que nos viene desde el olor a la lluvia, desde la hoja germinada El silencio es verde, circular y cerrado,  nos dice.

 

 

            Dejad crecer a la hierba en sus confines

            Verdes hojas, verdes ramas

            Abrazando a la tierra húmeda

 

 

 

También hay madera de gran poeta cuando nos habla con el venerable respeto a los Apus desde la raíz y el tallo de una planta,  y en elemento simbólico y omnipresente de la fotografía como poderoso sustituto del recuerdo, así, por supuesto, del amor y las ternura por una mujer-ciudad.

 

 

   Hace tiempo también nosotros fuimos como ustedes

   Niños pobres de nuestro pueblo

   Vean las fotografías:

   Alegría de hojas temblando ante una lluvia invisible

                   Ante un viento que no aparece